El Lujo del Enojo (ES)

por Sensei Dave Lowry traducido Enrique Muñiz Según el pensamiento de muchos espadachines del antiguo Japón, había tres "enfermedades" básicas a las que el/la artista marcial podría caer víctima, el […]
por Sensei Dave Lowry traducido Enrique Muñiz Según el pensamiento de muchos espadachines del antiguo Japón, había tres "enfermedades" básicas a las que el/la artista marcial podría caer víctima, el miedo, la preocupación y la sorpresa. Muchos de loselementos espirituales y del entrenamiento en el budô (arte marcial moderno) están dirigidos a superar o prevenir estas enfermedades. A esa lista de cuatro pienso que podría ser acertado agregar una aflicción más que es tan mortal e insidiosa como las otras. A esa lista agregaría la enfermedad del enojo. “Un hombre es como el acero",según un proverbio japonés – esto se aplica igualmente bien a las mujeres, acelero a agregar-;"una vez que él pierde su temple él carece de valor." Mi sensei (instructor o maestro) tenía un modo más directodeexpresarelmismosentimiento. Él atrajo mi atención, una tarde, enseñándome en un prado debajo de un viejo cementerio cerca de su casa. Estábamos practicando con espadas de madera. En ese momento estaba experimentando un fenómeno que cada budoka (practicante de Budô) serio ha encontrado en un momento dado. Me estaba olvidando del kata (set de movimientos). Había alcanzado una fase de aprendizaje donde se enredaron las secciones de diferentes kata. Los movimientos de kata diferente estaban corriendo juntos. Enfurecido más aun, durante la ejecución de un kata particular de repente  tuve un “blanco”. Algunos de estos movimientos que había estado haciendo regularmente por más de un año o dos, de repente, se habían ido, desaparecieron de mi cerebro. Mi cuerpo estaba detenido como si mis nervios y mis músculos tuvieran corto-circuito. Estaba enloqueciendo. Era una pena aun más grande porque Sensei estaba actuando como mi oponente en el kata. Él simplemente estaba de pie allí, inexpresivo, esperando que ejecutara  una técnica que jamás pude realizar. "¡Shimatta Zo! (maldición enfatizada)" dije finalmente, exasperado por mi propia estupidez. La contestación de Sensei fue tan rápida, que antes de que pudiera comprender había empezado. Él abalanzó su espada de madera contra la mía y le dio un golpecito encima usando la fuerza poderosa de sus caderas, en una acción que sacó mi arma de mis manos. Mi espada giró en el aire varias veces y cayó rebotando en la tierra. Simultáneamente, tuve la sensación que mis muñecas se habían despegado de mis antebrazos. "El enojo es un lujo," dijo calladamente. "no puedes permitirte ese lujo" El enojo como un artículo de Lujo, ¿qué modo tan original de enfocar esta emoción?. El enojo es un lujo porque nos permite enfocar nuestra atención en una sola cosa: nosotros. ¿Recuerdas la última vez que te aplastaste un dedo del pie o perdiste tus llaves o quisiste hacer arrancar tu auto pese a darle al acelerador?. En esos momentos nada más en el mundo estaba en tu mente que ese problema inmediato. Encolerizarse, en ese sentido, es como si tu mente se tomara una pequeña vacación. Cuando te tomas vacaciones, te das el lujo de nadar, hacer excursiones, leer un libro, holgazanear todo el día. El enojo no es nada agradable, ni incluye los beneficios saludables de una vacación, aunque alguno diría que da la satisfacción de "sacarse la frustración" cuando estamos muy irritados, como me pasó a mí por no recordar el kata. Cuando perdí mi temple, me complací. Me enfoqué en mi problema y me olvidé de todo. En el campo de batalla, el lugar donde se pensaba que esos kata eran llevados a cabo, ese tipo de auto-indulgencia podría costarme la vida. Comobudoka,elprecioquetendríaquepagarpor el lujo de enfadarme era demasiado alto. A veces  podemos desear creer que el enojo "nos levanta". Si tengo que dar de patadas para tirar una puerta abajo, si estoy bastante enfadado probablemente podré hacerlo. Pero las habilidades físicas y combativas de un arte marcial no son simples. Uno debe ser consciente de la distancia y debe sincronizar, las acciones y reacciones del oponente, la posibilidad de encontrar más de un oponente y así sucesivamente. En semejante situación compleja, el enojo no es negocio. Otra creencia sobre el enojo-y que vemos bastante a menudo en las películas y otras formas de entretenimiento- es que puede motivarnos a ser valientes bajo situaciones de gran tensión. De nuevo, en algunos casos limitados, esto puede suceder. Pero dependiendo del enojo, como fuente de energía, puede tener algunas consecuencias serias con eltiempo.Elenojoinvolucra las glándulas suprarrenales del cuerpo. Ésta no puede ser la explicación más científica, pero dichas glándulas lanzan un chorrito de sus jugos en nosotros en momentos de tensión, peligro o enojo. Lo que sigue es un proceso complejo, pero el resultado es una gran presión de esa sangre, en proporción al corazón, la respiración. Todas estas funciones entran en una sobre marcha rápida. Aquelloscuyas profesiones dependen de encuentros violentos o peligrosos soldados, policía y bomberos, por ejemplo, pronto aprenden de las consecuencias negativas de depender del flujo exagerado de adrenalina en el enojo al encontrarse en estas situaciones. El cuerpo puede manejar estallidos ocasionales de enojo, pero cuando el enojo sevuelve una respuesta condicionada de estrés, los cirujanos cardíacos empiezan a sermonearte. Como especie, no hemos evolucionado, químicamente o emocionalmente para permanecer saludable bajo este tipo detensión. Los chinos, a propósito, notaron algunos de los problemas más sutiles que encontramos hace tiempo cuandoestamos a menudo demasiado enfadados. Los textos médicos taoístas del pasado se refieren a esto como un desequilibriode "fuego" o ki (energía) y muchas formas de taichichuan (arte marcial terapéutico chino) y chi kung (ejercicios terapéuticos para sanar) proporcionan ejercicios especiales para librar el cuerpo de esta energía en exceso El enojo gasta energía indiscriminadamente en corto tiempo. Necesitamos conservar  la energía y acostumbrarnos a aprovecharla al máximo, en momentos que necesitamos ser más concientes de lo que está pasando a nuestro alrededor. Nos roba precisamente el autodominio. Sería idealista esperar que a través de entrenar pudiéramos eliminar totalmente ele nojo que está dentro nuestro. En mi caso, no ofrezco mucha esperanza de ese acontecimiento. Pero si nuestro entrenamiento de Budô no puede eliminar nuestro enojo, puede enseñarnos a reconocerlo y ver que la mayoría de las veces es una emoción que puede enfermarnos y no podemos permitimos el lujo de complacerlo. 11421680_355469744661903_616756207_n

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